Eras tú, ese que decía que tenía para mí la vida
entera, ese que venía prometiendo primaveras en invierno; ese que decía que guardaba para mí lo verdadero, ese que venía con promesas y con cuentos de los cuales solo me quedan lamentos. Esa no era yo, eras tú. Nos vimos crecer. Y ahora me quedo el ayer
Ahora no me apetece dar buena cara ni disimular, estoy cansada, estoy herida. Lucho por algo que no tiene sentido. Y sin querer me enganche a tu piel, sin darme
cuenta de tu lado cruel, supongo que no lo quise entender.
El tiempo se detuvo en aquel último abrazo que
sentí que ya no había nada
por lo que luchar y los intentos solo sirvieron para alargar la agonía. Mientras
yo bebía del agua de tu cuerpo, tú
matabas mi esperanza dando tumbos por mi alma, absorbiendo mí cariño y mis esfuerzos por
luchar en una farsa sin salida. Ya no me vale ser un objeto de usar y tirar. Todo
tu arte estaba en engañar. Eres cobarde.